La bandera LGTBIQA+ nació en 1978 y ha evolucionado hasta la Progress Pride Flag, una versión más inclusiva que representa mejor la diversidad del colectivo.
La bandera LGTBIQA+ ya no es solo un símbolo: es casi una declaración de intenciones con colores. Nació para dar visibilidad, orgullo y un punto de alegría a una comunidad que llevaba demasiado tiempo escondida, y con los años se ha ido adaptando para representar mejor a todas las identidades que la forman.
La versión original fue creada en 1978 por Gilbert Baker y tenía ocho colores. Cada uno tenía su propio significado: el rojo hablaba de vida, el naranja de sanación, el amarillo de luz y esperanza, el verde de naturaleza, el azul de armonía y el violeta de espíritu. Una bandera pensada no solo para verse bonita, sino para decir muchísimo sin necesidad de abrir la boca.
Con el tiempo, aquella bandera fue simplificándose hasta convertirse en el arcoíris de seis franjas que hoy conocemos de toda la vida. Pero la historia no se quedó ahí. La llamada Progress Pride Flag dio un paso más y añadió nuevas franjas para hacer visible a más gente: personas racializadas, comunidad trans e identidades intersexuales. Porque el orgullo, cuando es de verdad, no deja a nadie fuera.
El negro y el marrón recuerdan a las personas racializadas y también a quienes sufrieron el VIH/SIDA y el estigma que vino detrás. El rosa, azul claro y blanco representan a la comunidad trans. Y el triángulo amarillo con el círculo morado visibiliza a las personas intersexuales. En resumen: más colores, más realidades, más orgullo.