Cada verano, entre finales de julio y principios de agosto, Prades celebra su propio Orgullo. No hay carrozas de neón ni multitudes de miles de personas. Hay comunidad y trabajo
Prades, la vila vermella. Un pueblo tranquilo en las montañas de Tarragona. Casas de piedra roja, menos de trescientos habitantes, y una historia que merece no ser olvidada.
Cada verano, entre finales de julio y principios de agosto, Prades celebra su propio Orgullo. No hay carrozas de neón ni multitudes de miles de personas. Hay vecinos, hay música, hay vida y hay algo que en los grandes eventos urbanos a veces se pierde: la necesidad real y urgente de decir aquí estamos .
En 2020, un joven del pueblo llamado Isaac —conocido artísticamente como Gal·la Rouge , drag-queen local— recibió tres cartas anónimas. El contenido era inequívoco: insultos, amenazas y una exigencia final que lo resumía todo con brutalidad:
«O cambias o atente a las consecuencias.» «Si no es así te pedimos que te vayas de Prades y no vuelvas hasta que seas una persona normal.»
Isaac no se fue. Denunció los hechos ante los Mossos d'Esquadra, los hizo públicos en redes sociales y recibió el respaldo del Ayuntamiento y de gran parte del vecindario. De esa respuesta colectiva nació Prades amb Orgull .
No como revancha. Como declaración de existencia.
Barcelona celebra su Pride con razón y con fuerza. Pero el Orgullo urbano, con toda su visibilidad, puede crear una ilusión: la de que el trabajo ya está hecho, que el mundo rural queda lejos y que allí las cosas son distintas.
No lo son tanto.
En los pueblos también hay personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, trans y no binarias. Muchas viven en silencio. Algunas, con miedo. Prades amb Orgull existe precisamente para recordar que la visibilidad no puede ser un privilegio exclusivo de las ciudades.
En 2023, en Villabona —un pequeño municipio de Gipuzkoa— un grupo de quince jóvenes agredió a una pareja gay colombiana que había llegado a Euskadi buscando precisamente eso: una sociedad más abierta. Quince personas. En un pueblo. En pleno siglo XXI.
Los avances legislativos son reales. El reconocimiento social ha crecido. Pero los datos de delitos de odio por orientación sexual e identidad de género siguen siendo altos en toda Europa, y el discurso de retroceso gana terreno en varios países que hace una década parecían referentes.
El riesgo de volver atrás no es una metáfora. Es una tendencia activa.
El equipo de Orgullo Global realizó una entrevista en profundidad a Gal·la Rouge en junio de 2024. Ese portal ya no está en línea, pero el material —vídeo incluido— existe y se conserva como parte de la memoria de este proyecto y de esta historia.
Creemos que merece ser preservado. No como archivo muerto, sino como testimonio vivo de lo que puede pasar cuando alguien decide no callar, y de lo que puede construirse cuando una comunidad decide respaldarlo.
Prades amb Orgull no es una anécdota bonita de un pueblo con encanto. Es un modelo de lo que puede hacer una comunidad pequeña cuando elige la dignidad sobre la indiferencia.
Si los avances no se defienden, se pierden. Y la mejor manera de defenderlos no es solo celebrar en las grandes ciudades: es asegurarse de que en cada Prades del mundo haya alguien que no tenga que elegir entre ser quien es y quedarse en casa.
Este artículo recupera y actualiza un texto publicado originalmente en orgulloglobal.com , portal ya desaparecido. El material audiovisual original se conserva como documento de memoria.